TEOLOGÍA POLÍTICA
ASOCIACIÓN DE TEOLOGÍA POLÍTICA CARL SCHMITT


Teología Política
Por Rafael Campos García Calderón
Para un público hace mucho tiempo descreído y secularizado, es extraño hablar de teología más allá de los límites de las doctrinas religiosas reveladas. Sin embargo, debemos recordar que tanto la teología como la política son disciplinas que no nacieron en el seno de la religión, sino de la filosofía y, específicamente, de la filosofía griega. Es necesario, pues, recuperar sin temor estos conceptos para poder entender tanto el núcleo de toda filosofía como el sentido de toda actividad política.
Para ello, en primer lugar, necesitamos determinar qué cosa es, en efecto, la Teología Política. Por Teología Política podemos entender tres cosas distintas según la relación que exista entre los conceptos de teología y política. Si la teología se entiende como fundamento de la política, tendremos una concepción según la cual la política constituye una manifestación de la teología, es decir, una “política de la teología”. Desde este punto de vista, la política es la objetivación de la doctrina teológica, de manera que la política queda subordinada a la dirección religiosa de una hierocracia.
Si, al contrario, la política es el fundamento de la teología, tendremos una concepción según la cual la teología constituye una expresión de la política, es decir, una “teología de la política”. Desde este punto de vista, la teología es la cristalización de la doctrina política, de manera que la teología queda subordinada a la dirección política de una república o una monarquía sagradas. Si, finalmente, entre ambos conceptos existe un equilibrio obtendremos una teología política en sentido estricto. Desde este punto de vista, tendremos, simultáneamente, una reflexión sobre el núcleo teológico de la política y sobre el significado político de la teología.[1]
En realidad, el concepto de Teología Política es una creación del jurista alemán Carl Schmitt. Según él, la Teología Política, aun cuando mantiene un lazo histórico con ella, trasciende toda política de carácter eclesiástico o imperial; para ser más exactos, seculariza la política teológica implícita en la teología católica religiosa medieval. Se trata, entonces, como el mismo Schmitt la ha definido, de una sociología de los conceptos jurídico-políticos. Mediante ella, se intenta determinar la identidad existente entre los conceptos metafísico-teológicos y los conceptos jurídico-políticos de una época determinada.
De esta manera, el método de la Teología Política ni propone una política teológica derivada de alguna confesión religiosa ni da pie a una fundamentación teológica de algún régimen político. Más bien, intenta dar cuenta del núcleo teológico de toda política, así como del aspecto político de toda teología. Esto es posible porque la teología, tal como la entendemos aquí, es, como querían Platón y Aristóteles, es parte de la ciencia del ente en cuanto ente y, en esta medida, abarca a todas las ciencias y sus respectivos objetos en su estudio, incluida la ciencia de la política.[2]
De igual manera, incluso la teología derivada de los libros sagrados de la tradición semítica deberá entenderse como parte de la teología en cuanto parte de la ciencia del ente en cuanto ente, esto es, como el descubrimientotica de los conceptos de raigambre filosófica en el texto sagrado. Esta condición no pone en cuestión a la revelación, pues la religión no necesita de la teología para explicitarse, a lo sumo la utiliza instrumentalmente. En efecto, así como hay religiones que despliegan su carácter a través de mitos, hay otras, como el judaísmo, el cristianismo y el islam que, mediante el cultivo de la exégesis y la filosofía, han constituido un discurso racional teológico.
Schmitt desarrolló sus ideas a partir de las investigaciones de sociología de la religión de Max Weber. Como se sabe, a pesar de haberse enfocado no solo en el protestantismo, el gran sociólogo alemán nunca estudió el catolicismo de manera directa. Schmitt quiso responder a su maestro desde una posición católica secularizada. Para ello, utilizó el concepto de soberanía como clave de interpretación del devenir político de Occidente. Precisamente, con la Teología Política Schmitt habría querido estudiar la relación entre metafísica y política en el mundo moderno.
La Teología Política como sociología de los conceptos jurídicos
Aunque la teología política fue desarrollada por Carl Schmitt desde sus primeras obras: El valor del Estado y el significado del individuo (1914), Romanticismo político (1919) y La dictadura (1921); sin embargo, realmente fue conceptualizada en su famoso libro Teología política publicado en 1922. Como muchos autores han anotado, esta nueva disciplina tendría como punto de partida la obra del sociólogo Max Weber. No es casual que el mismo Schmitt la haya definido, siguiendo la terminología weberiana, como una sociología de los conceptos jurídicos.[3]
Sin embargo, al crear este concepto, Weber pensaba esta sociología como un estudio dedicado al grupo social que se ocupaba profesionalmente del Derecho, es decir, a los jueces, abogados, juristas, entre otros.[4] Schmitt, en cambio, concibió esta disciplina como un método de comparación entre los conceptos jurídicos-políticos y los conceptos teológico-metafísicos que corresponden a una época determinada.[5]
De esta manera, el método tenía por finalidad determinar la analogía existente entre el sistema de conceptos jurídico-políticos y el de conceptos teológico-metafísicos de una misma época, pues, como afirmaba Schmitt, “la imagen metafísica que de su mundo se forja una época determinada tiene la misma estructura que la forma de la organización política que esa época tiene por evidente”.[6]
Según este punto de vista, existiría una identidad entre teoría metafísica y teoría política. Esta identidad sería simultáneamente teórica y substancial, esto es, abarcaría tanto el plano de las teorías como el de las instituciones sociales descritas por estas teorías. De esta manera, por un lado, teóricamente esta identidad vincula el sistema conceptual de la metafísica con el de la teoría política. De otro lado, sustancialmente relaciona el ámbito concreto de la metafísica, expresada en la cosmovisión de las personas, con el de la teoría jurídico-política, cristalizado en las leyes positivas de un sistema jurídico específico.
Así, en el caso, por ejemplo, de la monarquía, su existencia histórica y política pertenecía al estado de conciencia de la humanidad occidental de aquel momento, de manera que la configuración jurídica de la realidad histórico-política produjo un concepto adecuado a la estructura de estos conceptos metafísicos.[7]
Sin embargo, la reinterpretación schmittiana de la sociología de Weber no habría sido posible sin el aporte de pensadores contrarrevolucionarios como Louis de Bonald, Joseph de Maistre y Juan Donoso Cortés. Cada uno de ellos descubrió el vínculo entre teología y política desde ángulos diferentes.
Louis de Bonald introdujo un importante elemento. Se trata de la analogía entre la idea teológica de Dios y el orden político de la sociedad. Con esta comparación, Bonald trataba de explicar tres cosmovisiones presentes en los acontecimientos de la Revolución Francesa. Como más adelante el mismo Schmitt mostrará, la identidad entre los principios de la religión y de la política provendría de la identidad metódica de numerosos conceptos teológicos y jurídicos específicamente originarios del derecho público. Se trataba, por lo demás, de una metodología bien conocida por los juristas de la época.[8]
Por su parte, Joseph de Maistre introdujo otro concepto. Su idea de tradición se hallaba íntimamente ligada a la comprensión de la historia. Para él, la historia era una realidad viva poseedora del poder creador de las naciones. Gracias a este poder, la historia instauraba la tradición en la vida de las sociedades. Por la tradición, en efecto, las instituciones sociales mantenían su continuidad en el tiempo.[9]
Finalmente, a la luz de la obra de Juan Donoso Cortés Schmitt pudo radicalizar y sistematizar esta metodología sociológica. El gran mérito de Donoso fue haber estudiado las distintas ideologías modernas como expresiones secularizadas de cierto tipo de teología y política heréticas cristianas. Articuló la analogía entre teología y política descubierta por Bonald con las distintas ideologías surgidas después de la Revolución Francesa.[10]
Veremos, más adelante, que el mismo Schmitt hizo suya esta red de relaciones entre ideología, teología y política al punto que utilizó la clasificación donoseana de las ideologías modernas. Sin embargo, a diferencia de Donoso, no explicó el vínculo entre teología y política de manera lógico-especulativa, sino a partir de una previa contextualización histórico-política del mismo.
Esto significaba aprehender, a partir de las teorías políticas modernas, los conceptos teológicos implícitos en ellas. Donoso había mostrado cómo las ideologías provenían de errores teológicos dogmáticos que generaban, a su vez, doctrinas teológico-políticas. Al hacerlo, de alguna manera ya había trasladado las categorías teológicas al ámbito político; sin embargo, se limitaba a mostrar la analogía conceptual entre ambas. Hacía falta contextualizar, a su vez, esta misma analogía en la historia de los sistemas jurídico-políticos.
Así podía verse cuál era la otra consecuencia del planteamiento teológico-político schmittiano. El estudio de la relación entre teología y política obligaba al investigador a tomar en consideración los acontecimientos históricos que habían hecho posible la aparición de tales sistemas conceptuales modernos. De esta manera, la sociología de los conceptos de Schmitt era, en realidad, una sociología que estudiaba el núcleo teológico de las teorías políticas modernas.
En esta disciplina, se reunían la metodología social weberiana y el método teológico de la analogía que Bonald y Donoso aplicaban a la política. Sin embargo, a diferencia de los contrarrevolucionarios, quienes se movían en un plano meramente especulativo, Schmitt pretendía estudiar analógicamente el núcleo teológico de las teorías políticas en la historia política occidental. Al mismo tiempo, a diferencia de Weber, proponía una sociología aplicada a los mismos conceptos, no a los grupos sociales. De esta manera, la analogía entre teología y política, preparada y desarrollada por los pensadores contrarrevolucionarios, se enriquecía y proponía una nueva disciplina: la historia de los conceptos implícitos en la analogía.[11]
Para Schmitt, se trataba de rastrear cierto tipo de estructuras fundamentales al interior de la realidad socio-histórica. La analogía teológico-política debía ser estudiada en el seno de las distintas teorías políticas, porque entre teología y política existirían relaciones estructurales necesarias, las cuales, a su vez, reproducirían vínculos fundamentales entre la religión y la política.[12]
Como ya había anotado Hugo Ball, fundador del dadaísmo tardíamente convertido en historiador de la Iglesia, mediante la analogía teológico-política Schmitt se propuso aprehender la idea a partir de la eficacia histórica concreta. Así, se desentrañaba, en las formas históricas de los conceptos jurídicos, el núcleo teológico implícito en ellas.[13]
[1] Merio SCATTOLA. Teología política. Léxico de política, Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 2008, Introducción, pág. 9.
[2] Merio SCATTOLA. Op.cit., pág. 9.
[3] Max WEBER. Economía y sociedad, México: FCE, 2012, Segunda parte, Cap. VII (Sociología del Derecho), 8, pp. 648-660.
[4] Antonino SCALONE. “Derecho, decisión, representación: el poder en Carl Schmitt”, en: DUSO, Giuseppe. El poder: para una historia de la filosofía política moderna, México: Siglo XXI, 2005, Cap. 19, pág. 335.
[5] Carl SCHMITT. Teología política. Cuatro capítulos sobre la doctrina de la soberanía, Madrid: Editorial Trotta, 2009, Cap. III, pág. 43.
[6] Carl SCHMITT. Ibíd., Cap. III, pág. 44.
[7] Carl SCHMITT. Ibídem.
[8] Carl SCHMITT. Romanticismo político, Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes Ediciones, 2005, Cap. II, pág. 119.
[9] Carl SCHMITT. Ibíd., Cap. II, pág. 123.
[10] Juan DONOSO CORTÉS. “Carta al eminentísimo señor cardenal Fornari sobre el principio generador de los más graves errores de nuestros días” en: Obras, Tomo I, pp. 401-402.
[11] Se trata de la famosa Begriffsgeschichte desarrollada posteriormente, con diferentes variantes, por Reinhart Koselleck, Werner Conze y Otto Brunner.
[12] Merio SCATTOLA. Ibíd.,Capítulo Quinto, pp. 164-165.
[13] Hugo BALL. “Teología política de Carl Schmitt”, en: Dios tras Dadá, Madrid: Berenice, 2013, pág. 229.